Liturgia - Lecturas del día

 

Sábado, 24 de junio de 2017

NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA

Solemnidad

Yo te destino a ser la luz de las naciones

Lectura del libro de Isaías

49, 1-6

¡Escúchenme, costas lejanas,

presten atención, pueblos remotos! .

El Señor me llamó desde el vientre materno,

desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre.

Él hizo de mi boca una espada afilada,

me ocultó a la sombra de su mano;

hizo de mí una flecha punzante,

me escondió en su aljaba.

Él me dijo: «Tú eres mi Servidor, Israel,

por ti Yo me glorificaré».

Pero yo dije: «En vano me fatigué,

para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza».

Sin embargo, mi derecho está junto al Señor

y mi retribución, junto a mi Dios.

Y ahora, ha hablado el Señor,

el que me formó desde el vientre materno

para que yo sea su Servidor,

para hacer que Jacob vuelva a Él

y se le reúna Israel.

Yo soy valioso a los ojos del Señor

y mi Dios ha sido mi fortaleza.

Él dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor

para restaurar a las tribus de Jacob

y hacer volver a los sobrevivientes de Israel;

Yo te destino a ser la luz de las naciones,

para que llegue mi salvación

hasta los confines de la tierra».

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL                                138, 1-3. 13-15

R.    Te doy gracias porque fui formado

       de manera tan admirable.

Señor, Tú me sondeas y me conoces,

Tú sabes si me siento o me levanto;

de lejos percibes lo que pienso,

te das cuenta si camino o si descanso,

y todos mis pasos te son familiares. R.

Tú creaste mis entrañas,

me plasmaste en el vientre de mi madre:

te doy gracias porque fui formado

de manera tan admirable.

¡Qué maravillosas son tus obras! R.

Tú conocías hasta el fondo de mi alma

y nada de mi ser se te ocultaba,

cuando yo era formado en lo secreto,

cuando era tejido en lo profundo de la tierra. R.

Juan había predicado como preparación

a la venida de Cristo

Lectura de los Hechos de los Apóstoles

13, 22-26

En la sinagoga de Antioquía de Pisidia, Pablo decía:

«Dios suscitó para nuestros padres como rey a David, de quien dio este testimonio: "He encontrado en David, el hijo de Jesé, a un hombre conforme a mi corazón, que cumplirá siempre mi voluntad". De la descendencia de David, como lo había prometido, Dios hizo surgir para Israel un Salvador, que es Jesús.

Como preparación a su venida, Juan Bautista había predicado, un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel. Y al final de su carrera, Juan Bautista decía: "Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan que después de mí viene Aquél a quien yo no soy digno de desatar las sandalias".

Hermanos, este mensaje de salvación está dirigido a ustedes: los descendientes de Abraham y los que temen a Dios».

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Su nombre es Juan

a    Evangelio de nuestro Señor Jesucristo

según san Lucas

1, 57-66. 80

Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.

A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan».

Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre».

Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Éste pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan».

Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.

El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.

Palabra del Señor.

Reflexión

UNA MISIÓN HERMOSA: ANUNCIAR LA MISERICORDIA

1. - El que prepara el camino. Cuando recordamos a un personaje importante en la historia de la salvación se suele celebrar el día de su muerte. En algún caso celebramos su nacimiento a una nueva vida espiritual --conversión--, como es el caso de San Pablo, o San Agustín. Sólo en el caso de Juan "el Bautista" celebramos su llegada a este mundo. Al celebrar la natividad de San Juan Bautista, coincidiendo con el solsticio de verano, la Iglesia quiere subrayar la trascendencia del "Precursor" en la preparación del "camino de Señor".

2. - Anuncia la conversión. En las lecturas de hoy recorremos diversos episodios de esta persona singular: nacimiento, circuncisión, imposición del nombre, manifestación a todos sus familiares y vecinos, en el evangelio; comienzo y desenlace de su misión, en el discurso de Pablo en los Hechos de los Apóstoles. Cada momento de su vida es una enseñanza de cómo Dios actúa en favor del hombre. Nacido de una gran misericordia en una mujer estéril, es circuncidado para destacar su conexión con el pueblo elegido --será el último profeta del Antiguo Testamento--. El nombre personal que recibe tiene una gran importancia por el hecho de que es Dios mismo el que lo atribuye: fue así en el caso de Jesús y en el de Juan Bautista. También Jesús atribuyó a Pedro su nombre: "Simón, tú te llamarás Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". Dar un nombre es, por tanto, dar una vocación, una misión y los dones adecuados para desempeñarla. Juan significa "Dios tiene misericordia". Su misión será anunciar un bautismo de conversión.

3.- ¿Qué va a ser de este niño? Es la pregunta que todos se hacen cuando un nuevo ser humano viene a este mundo. Sus padres, en especial la madre, enseguida se prestan a imaginar la vida futura de su hijo. Es posible que le imaginen ocupando un cargo importante, tal vez ministro. Hay algo que el evangelista deja bien claro: "la mano de Dios estaba con él". Retirarse al desierto puede parecer la evidencia de un fracaso de una huida. Pero no. Juan no huye por miedo, sino porque quiere prepararse para su misión, "ser el Precursor". Muchas personas reciben la misión de "ser camino", de preparar a los demás para que se realicen como personas. Puede parecernos que su labor es insignificante, pero las personas más importantes de nuestras vidas son aquellas que, calladamente, sin protagonismos, nos han ido ayudando en nuestro crecimiento como personas o como creyentes: nuestros padres, nuestros maestros, nuestros catequistas... ¡Qué misión tan hermosa la de ayudar a otros a descubrir la inmensidad de la bondad de Dios! Así fue Juan "el Bautista" el anunciador de "la misericordia de Dios".

José María Martín, OSA

www.betania.es

LUZ EN MEDIO DE LA NOCHE

Cuando la primavera deja lugar al verano, y la noche se hace más fuerte que el día, sale a nuestro encuentro la festividad de San Juan  Bautista.: emerge la figura del «hombre que no merecía desatar las sandalias del Salvador, pero a la vez el mayor de los nacidos de mujer».

A su nombre se han dedicado multitud de iglesias y de parroquias y, recogiendo sus palabras, miles y miles de hombres y de mujeres han gritado al viento, y lo seguimos haciendo con la misma fe hoy en día, “preparad el camino al Señor”.

¿Tenemos conciencia, como Juan Bautista, de ser voceros de Dios? ¿No estaremos gritando, defendiendo, clamando, añorando, persiguiendo, anunciando otras cosas que en nada se refieren a la voluntad de Dios?

Al celebrar la festividad de San Juan Bautista, encendemos una hoguera en la oscuridad de la noche. Y lo hacemos para que, también en nosotros, alumbre la luz de la verdad como destelló en las inquietudes y deseos de Juan: se sintió empujado, arrastrado y seducido por la espera de la llegada del Salvador. Fue aquella caña que, en medio de dificultades, dudas y tropiezos, se levantaba y avanzaba en medio del desierto preparando corazones, actitudes y sentimientos ante Aquel que estaba por venir.

¡Sí! ¡Así es Juan! El gran rompedor de caminos, pero para arreglarnos de nuevo. Para echar suelo firme en las personas que esperan, que anhelan, que se ilusionan con Jesús de Nazaret.

¡Sí! ¡Así es Juan! El que sigue indicando, en medio del desierto de muchas almas, en medio del desierto de una sociedad agonizante de esperanza, que Jesús esta por llegar. Que hay que mirar hacia el cielo. Que tenemos que volver de caminos equivocados. Que la opulencia y la abundancia no son sinónimos de felicidad sino de ansiedad.

Y es que, Juan, con tan poco, tuvo lo más imprescindible para ser feliz: se sintió enviado, mensajero de buenas noticias y del amor que Jesús.

En estos tiempos donde, en algunas latitudes faltan vocaciones al Ministerio sacerdotal, es bueno detenerse ante la figura humilde y gigantesca de Juan Bautista: el hombre vocacionado por excelencia. No le faltaron zancadillas, murmuraciones, dudas y persecución por su ser profeta. Nada le amedrentó ni le hizo retornar de sus posiciones. La defensa de sus ideales, su báculo firmemente apoyado en la confianza en Dios y su intrepidez, le trajeron como premio el martirio.

Juan sigue siendo esa imagen atractiva y sugerente para nuestra vida cristiana. Hay que ser altavoz de Jesús y no sordina. Hemos de ponernos en camino y no detenernos en cada esquina con mil excusas. Tenemos que señalar que, el protagonista no soy yo (Iglesia, sacerdotes, catequistas, grupos, movimientos, fundadores…) sino Jesús que me envía para anunciarle y vivir con pasión y sin temblor nuestra vida y misión de católicos.

Que Juan Bautista nos ayude a prender, en medio de la noche, la llama viva de la fe. La hoguera de la caridad. La antorcha del Evangelio.

Javier Leoz